Que este año de campaña haya alguna certeza urbanística en Bogotá, al menos una, como la de un futuro para la séptima, sería un milagro.
Porque la séptima, a pesar de que esté grafiteada, sucia y trancada, sigue siendo referente de la ciudad. “La joya de la corona”, la llaman quienes cada cuatro años quieren hacer con ella lo que les da la gana: poner buses, quitar buses, poner tranvías, forzar un metro, todo argumentado en cientos de estudios que han costado un ojo y se han botado a la caneca.